El robot submarinista que recuperará los tesoros del fondo del mar

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El robot submarinista que recuperará los tesoros del fondo del mar

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Hemos enviado robots al espacio y a rescatar personas entre los escombros después de un terremoto. Hemos puesto robots en las fábricas y en los aeropuertos. “El progreso en movilidad robótica ha sido asombroso”, aseguraba el profesor Oussama Khatib en una entrevista para el New York Times. “Los robots pueden ver, hacer mapas, descubrir barcos que han naufragado. Pero no pueden hacer nada”. Lo de los barcos, aunque suene raro, no es una excentricidad, porque Kathib realizaba estas declaraciones después de que un robot humanoide de su creación, el OceanOne, hubiera descendido casi cien metros hasta la fragata Luna, hundida en 1664, para recuperar una vasija entre los restos del naufragio en la costa francesa.

El profesor Khatib dirige el laboratorio de Robótica de la universidad de Stanford, donde lleva cuatro años trabajando en desarrollar este prototipo en el que se han invertido cuatro millones de dólares. Lo más asombroso de OceanOne no es su capacidad de llegar a profundidades que resultan inaccesibles para los humanos (bucear a más de 60 metros ya resulta muy peligroso), sino el complejo mecanismo que permite a un operador humano manipular objetos a través del robot como si fueran sus propias manos. Y es que, aunque se suele poner el foco en la capacidad de pensar que tendrán las máquinas en un futuro, el reto de conseguir que los robots hagan cosas es igual de complejo. Acciones que para un humano son realmente sencillas como sentarse o colocar el tapón de una botella, se convierten en un problema de difícil resolución cuando se trasladan a la robótica. Un robot puede tener una gran fuerza o una precisión milimétrica, pero ajustar ambas cualidades para que trabajen en conjunto, como hace nuestro cerebro cuando da las órdenes justas de presión y movimiento a nuestras manos, no es nada fácil. En el caso de OceanOne, el equipo de Kathib ha resuelto este problema a través de un sofisticado sistema de retroalimentación háptica: la persona que maneja el robot puede sentir a través de los controles lo que está manipulando el humanoide con sus manos y, de esta forma, se convierte en una especie de avatar en las profundidades.

OceanOne fue diseñado originalmente para ayudar a los científicos a investigar y proteger los valiosos arrecifes de coral del Mar Rojo. El robot, de un metro y medio de altura, está equipado con visión estereoscópica y ocho motores multidireccionales que le permiten desplazarse en el agua en cualquier dirección. Oussama Khatib cree que una de las misiones más importantes que cumplirán este tipo de robots es operar en lugares peligrosos para el ser humano, como zonas de alta montaña, terrenos expuestos a altas radiaciones o profundidades submarinas. Su visión es que en el futuro robots y humanos trabajarán juntos, así que debemos aprender a convivir con ellos y enseñarles las tareas que deben realizar casi como si fueran niños. Esta convivencia será tanto mejor en cuanto los robots tengan una apariencia amable; de ahí que Kathib nunca se olvide de señalar -como hizo orgulloso en el New York Times- que una de las cosas que más le gustan de su creación es que “tiene una cara amigable”.

Texto: José L. Álvarez Cedena

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